Del amor a distancia y otros demonios

Hace ya un tiempo largo que no escribo nada en el blog. No mentiré diciendo que ha sido falta de tiempo o escasez de temas, sencillamente no tenía ganas de escribir. Sin embargo, desde hace unos meses, quería hablar sobre algo que a todo el mundo parece inquietarle sobre mí: mi vida amorosa. Y sí, después de tantas preguntas me di cuenta que era muy interesante, enigmático para muchos y, cada vez que cuento la misma historia, es encontrar caras de asombro, más y más preguntas, miradas repletas de curiosidad.


Eran mis vacaciones de 2009 y, como siempre, me encontraba en casa de mi papá, con una laptop de regalo por mis quince años y mucho tiempo libre. Desde hacía dos años que ingresaba religiosamente a una web sobre Harry Potter (HarryLatino), mi usuario durante muchos años fue Bruja_X (siempre fui muy mala para los nicknames), entraba para leer noticias, hablar con personas de toda América Latina, pero sobre todo… para jugar. Había un juego en particular que me encantaba, el objetivo del mismo era ordenar letras para formar palabras del mundo de Harry Potter; era tremenda viciosa. Si eras el primero en ordenarlas todas tu nombre aparecía orgullosamente ante todos los demás usuarios.

Por ese entonces yo era bastante mala jugando, mi mala memoria y dislexia no ayudaban demasiado. Después de mucho jugar fui ganando, pero había otro usuario que en muchas ocasiones me ganaba. Como en toda competencia puedes crear rivalidad o amistad, en este caso fue un poco de ambas. Además de los juegos, había un tagboard donde podías hablar con los otros miembros de la comunidad, Dios sabrá con cuántas personas llegué hablar, con cuántos más discutí, pero muchas amistades quedaron guardadas en mi corazón para siempre -awwww-.

Un día, ese usuario que se empeñaba en ganarme y yo comenzamos a hablar, se hacía llamar en ese entonces -y hasta hoy en día- dany halliwell, no tenía ganado mi respeto sólo por ser Hufflepuff, sin embargo, era agradable hablar con él. Terminamos pasándonos nuestros correos y hablando por el difunto Messenger.

Aquí haré un paréntesis en mi historia y preguntaré: ¿Cuántos, además de mí, no se han sentido atraídos por una persona que ni siquiera conocen? El internet es un arma poderosa y hay que tener cuidado de cómo se usa. En estas circunstancias estamos destinados a confiar, no sabemos si lo que nos dicen del otro lado de la pantalla sea verdad o si estamos hablando con un tipo de 200 kilos dispuesto a violarnos y matarnos. Pero está la otra cara de la moneda, que todo lo que nos digan sea cierto y que terminemos queriendo a una persona que está a 4000 kilómetros de distancia.


Prosiguiendo… Así pasó el tiempo, hablamos mucho durante un par de años hasta que terminamos perdiendo el contacto, leía uno que otro tweet suyo, él me felicitaba los días de mi cumpleaños, yo nunca los de él. Un día llegué a creer que era de esas amistades que iban a quedar enterradas en el olvido y que lo más probable sería que nunca más volveríamos a hablar.

En Julio de 2013, por alguna razón quise volver a hablarle, le pedí su número y ahora era por Whatsapp que gastábamos horas hablando. Un día decidimos conversar por skype, fueron un par de horas riéndome de su acento -si nunca han escuchado hablar a un paraguayo,deberían, risas++-, mientras me hablaba de Benedetti y yo de los Beatles. Fue una de esas conversaciones que te hacen viajar sin moverte. Quería seguir hablando con él como antes. Eran muchas cosas que teníamos en común, otras pocas en las que diferíamos, pero siempre era agradable conversar. Es increíble como el sólo hecho de hablar por mensajes te pueda conectar tanto con alguien; hablar de cosas tristes como que las mamás de ambos tuvieron la misma enfermedad, o de cosas curiosas como que tú estudies Ingeniería de Sistemas y él en Informática, te hace pensar cómo sería si además de eso pudieses tenerlo cerca y agarrar su mano. No, no es momento para lagrimear, jajajaja.

En febrero de 2014 empezaron los problemas que todos en Venezuela recordamos, fueron unos cuantos meses en los que no tuve clases, recién había terminado mi relación con alguien, la cual fue bastante larga, y mi mente estaba un tanto susceptible, de esas veces en las que lo menos que quieres hacer es pensar. Pero ahí estaba Daniel, siempre preocupado, siempre pendiente, siempre atento. Una persona que terminó volviéndose indispensable en mi vida. Para alguien perspicaz es obvio que estoy ocultando muchos detalles, pero son cosas que no vienen al caso, lo cierto es que en abril de ese año él tuvo el valor de preguntarme si quería ser su novia.

¿Ser novio(a) de alguien que está jodidamente lejos? Sí o no. No escogí una respuesta al momento. El día anterior había visto «Her», le dije que volviese a preguntarme después de verla conmigo de nuevo. Sí, ya sé, ni él es Joaquin Phoenix ni yo tengo la voz de Scarlett Johansson, pero se entiende el punto. Después de verla quería saber si estaba dispuesto a correr ese riesgo, de adentrarse en una aventura que ninguno de los dos sabía cómo terminaría. «¿Quieres ser mi novia?». ¿Cómo decirle que no a alguien que habla guaraní y sabe programar? Jajajajaja, ya sé que no fue gracioso.

Fui una ladilla constante preguntando lo mismo, «¿cuándo vendrás?». No era fácil saberlo, en primer lugar, ¿quién quiere venir para esta vaina? Era prácticamente una relación secreta, era difícil explicarle a las personas que tu novio vivía en otro país y, además, no lo conocías en persona pero hablaban desde hacía cinco años. Paulatinamente muchos de mis amigos se fueron enterando y fue un gran alivio.

En agosto recibí una foto, era el boleto aéreo que usaría Daniel para venir a verme, por supuesto que no fue una sorpresa, ya lo habíamos planeado, pero aún así sentía que el mundo se detenía pero yo seguía moviéndose, era una sensación totalmente nueva para mí.

El 5 de enero de 2015 lo iba a conocer, al fin.

¿Se acuerdan cuando eran niños y contaban los días que faltaban para su cumpleaños seis meses antes? Así estaba yo. Contaba los meses, los días y las horas que faltaban para verlo. Iría ese día a buscarlo al aeropuerto. Los cuatro meses más largos de mi vida.

Llegué con media hora de retraso a Maiquetía. Si tuviese bolas, las habría tenido en la garganta. ¿Dónde está? ¿Será que se perdió? ¿Y si lo secuestró la Guardia Nacional? ¿Será que se arrepintió y se quedó en el transbordo de Lima? Di me día vuelta y ahí estaba. Un metro ochenta y cuatro de palidez. Una cabeza medio rubia y una sonrisa nerviosa. Corrí. Lo abracé. No fue como en las películas en las que el tipo la agarra por los aires a la chica y le da tres vueltas, estoy muy gorda para la gracia y mi papá se habría burlado de mí por toda la existencia. Qué pena. Pero nos abrazamos, como nunca había abrazado a alguien. No hubo lágrimas, eso es para los que no están nerviosos. Ya no éramos Bruja_X y dany halliwell,éramos reales. Isabel y Daniel.

Fueron diez de los días más maravillosos que he tenido. Al final, todos esos mensajes eran reales, estaba con la misma persona con la que había hablado, no era un desconocido. «Happiness only real when shared», esos días lo comprendí, no hay mejor felicidad que la se comparte con alguien más.


Fueron unas cuantas horas desde el aeropuerto hasta la casa de papá, no hablamos mucho, ya todo nos lo habíamos dicho. Era mejor mirarnos, nunca habíamos estado tan cerca el uno del otro. Podía agarrar su mano y él podía jugar con mi cabello. «¿Qué hora es?», «Las cinco y algo…», «¡Qué rápido se oscurece en el norte! Jajajaja.» Ahora estaba a dos horas y media de su huso horario real.

Llegamos a casa. Descansamos. Al día siguiente iríamos a la playa.

Nunca he sido amante de la playa ni de las gordas en tanga, pero cuando vi su expresión admirando el mar, fue… mágico. No era la primera vez que iba a una playa, sin embargo estaba extasiado, seguramente él lo niegue, pero yo sé lo que vi. Desde ese momento me preguntaba, ¿qué se sentirá estar en un país extraño? En Paraguay hablan de «vos», mezclan el español con el guaraní (también es un idioma oficial) y no se les entiende un coño, toman tereré, no acostumbran a combinar lo dulce con lo salado y son personas de un corazón enorme. Pero él ahora estaba aquí, donde estacionan los carros en la arena de playa, donde te matan por un celular y no consigues papel higiénico. Pero hablamos de enero, el dólar rondaba los 180 bolívares; la vaina no estaba TAN jodida.


Comió arepa, cachapa, perico, pabellón (¡Allá no comen tajadas y a las caraotas les dicen porotos! D: ), malta, frescolita, helado efe (¿Sabían que allá le dicen a la barquilla «cucurucho»?), chocolates hasta la diarrea, tuvo un coma etílico con cocuy y Cacique… ¿Me van a decir que no le mostré lo más lindo que tenemos? Había que compensarlo.

Hubo momentos amargos también, el segundo día, después de ir a la playa, fuimos al cine en Maracay. Faltaba un rato para la función y nos dispusimos a buscar algún sitio donde vendieran malta, era indispensable. Cuando íbamos de regreso al centro comercial, una señora lloraba desconsoladamente, entre sollozos decía: «Me robaron el carro, me robaron el carrito», llegaron dos muchachas, creo que eran sus hijas preguntando qué pasó. Yo tenía un nudo en la garganta, miraba a Daniel quien estaba atónito. Otro día, estando en Mérida, pasamos caminando por un supermercado y había gente formada, «¿Para qué es esa cola?», «Algún producto básico, supongo.» Toma, te presento a Venezuela. Qué cagada.

Volvamos a lo lindo.

Él llegó un lunes. El viernes viajamos en bus desde Maracay hasta Mérida. Fue una noche larga, pensé que dos personas que habían hablado tanto por mensajes y llamadas ya no tendrían nada nuevo que decirse, pero resultó que los temas nunca se acaban, fue más lo que hablamos que lo que dormimos en ese viaje. ¡Lo más alto que había estado eran 400 m.s.n.m! Y ahora estábamos a 1600 m.s.n.m. El paisaje valió el mareo y las descompensaciones en los ascensores. Obviamente fuimos al páramo. La pálida no fue normal. ¡No se rían! Jajajaja.

Hay un detalle muy gracioso que he omitido, mi mamá no supo nada hasta el momento en el que lo conoció. «Bueno, eh… Tenemos algo que decirle. Ah, ya va… No estoy embarazada…», ella respiró aliviada. «Él es Daniel… Bueno, mejor que te cuente él.», y al mejor estilo de alguien que sabe que está apunto de perder jugando la papa caliente, le lancé el muerto al pobre Daniel que llevaba una hora sin pronunciar palabra. «Bueno, yo soy Daniel, soy el novio de Ana Isabel… … … …Soy de Paraguay». Les dejó a su imaginación la cara de mi mamá, lo único que diré al respecto es que mi mamá lo adora.

Cuando me llegó su regalo de aniversario, con cuatro meses de retraso, ella dijo que aun quedaban hombres románticos o, como yo digo, él es demasiado gay. (Es broma, es broma.)

Un par de días fueron de enfermedad, tanta comida le pasó factura. Al final, no fue tan malo. Pude cuidarlo como si fuese una costumbre. Como si lo hubiese hecho un montón de veces antes de esa. «Cuando vos vayas a Paraguay tenés que enfermarte para cuidarte yo también.» Él se las tira de gracioso.

El 15 de enero, con un par de kilos más y diez días inolvidables era hora de marcharse, de volver a la realidad, después de un abrazo que se me hizo corto pero sé que fue bastante prolongado, lo besé y le dije hasta pronto, me fui llorando hasta el taxi y me marché. Al día siguiente tenía examen de cálculo.


Sería grandioso poder ir a verlo, sentir lo que él sintió aquí, conocer a su familia, su cultura, su gente. Antes parecía posible, pero ahora con el dólar a casi 700 bolívares, los pasajes rondando los $1000 me parece insano sólo pensarlo, es una pena, es injusto, pero es la vida que me tocó. Al menos tengo Skype (o Hangouts) y Whatsapp, es un consuelo, ¿no?

En fin, se hizo más largo de lo que esperaba, divagué mucho y dije poco, pero cuando alguien me vuelva a preguntar cómo hago para tener una relación a distancia, le pasaré el enlace del post y asunto terminado.Sé que no lo entenderá, porque es algo muy subjetivo, de cada quien.

Tengo la esperanza de que algún día podamos estar realmente juntos, sea donde sea, yo ya sé algunas cosas en guaraní y él dice «¡Coño de la madre!» de forma inconsciente. Yo acepto su catolicismo y él acepta mi Pastafarismo. A él le empezó a gustar Cortázar y yo ya lloré con Benedetti. Creo que nos podremos adaptar. El martes cumpliremos quince meses de noviazgo y en agosto seis años de una hermosa amistad. ¡Cómo pasa el tiempo!

«Love is the one thing we’re capable of perceiving that transcends time and space.» [Interestellar, (2014)]

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