Nacimos premoldeados

Como cosa rara, me puse a pensar en estupideces, una de esas era: ¿Me gusta mi nombre? Y la respuesta fue: No.

No me gusta para nada, Ana en particular; Isabel es más pasable, pero me gusta más Isa, a secas. Luego me pregunté: ¿Por qué nos quitan el privilegio de un nombre? Sólo por el hecho de ir nueve meses en el vientre de nuestra madre, nos quitan el derecho de llamarnos como queremos. Pero, peor que eso, nos quitan otras cosas.

Nos hacen creer que tenemos libre albedrío, cuando en realidad somos esclavos de las creencias populares, de las creencias de nuestra familia. (Hablaré en mi caso). Si naces en un hogar católico, te obligan a ir a misa cada domingo,  cuando vas creciendo y te desligas un poco de ese lazo familiar y esa carga de ir a la iglesia te preguntan: ¿por qué no vas al menos en Navidad  y Semana Santa? Y tú, para evitarte problemas, accedes; cuando dejas de ir definitivamente y te das cuenta que no crees en santos, dioses o semidioses, te miran mal, los domingos te escondes… te empiezas a avergonzar de ser un adolescente sin creencias, te da vergüenza lo que tu familia diga de ti pero, aun así, no les das el gusto, vives en tu vergüenza. Vives con vergüenza de ser quien eres.

Al cumplir 9 o 10 años te asignan un número, un número que te indica de dónde eres, que puedes transitar libremente en el país que naciste, aunque nadie te preguntó realmente si querías ser de ese sitio; para poder vivir tranquilo necesitas ese número, ese código de barras que llevarás hasta el día de tu muerte tatuado en tu alma. Sin ese número eres nada, no puedes salir de tu país, no puedes estar en tu país. 

Te toca irle al equipo de fútbol, béisbol, …, al que le va tu papá o tu mamá, si no, te hacen la cruz. Igual ya desde bebé te andan poniendo la camisa del equipo, así tú ni siquiera sepas lo que es una pelota.

Desde muy joven te dicen a qué partido político debes pertenecer, así no te guste ese partido o no te guste la política, y si no aceptas eso, serás la oveja negra de la familia hasta que cambies de parecer.

En el liceo te enseñan a amar a la figura de Bolívar, a idolatrarlo casi casi como un Dios. No importa a cuántos mató, el nos libertó y se merece una materia completa en nuestro cuaderno de noveno grado.

Te das cuenta que todo está mal, te vuelves anarquista, rayas las paredes con cosas como “ABAJO EL SISTEMA! MUERTE AL IMPERIO” cuando ni tú mismo sabes de qué sistema estás hablando. Un sistema inventado por la sociedad para achacarle las desgracias proporcionadas por ella misma durante todo este tiempo. Tanto así que el spray que usas para rayar el muro está fabricado en el imperio que brutalmente estás atacando con esas líneas de pintura.

Te rindes… Es más fácil dejarse llevar por la corriente que ir en contra de ella. Piensas en el tiempo perdido y en lo que pudiste hacer y no hiciste. Esas clases de música que no tomaste porque debías estudiar matemáticas, o ese curso de arte que ignoraste porque no sentías que tenías dotes artísticos. Estudiaste en la universidad lo que te dijeron que te haría ganar más dinero y no lo que te hacía más feliz. empezaste a trabajar en una lujosa oficina, con todo un futuro por delante, con todo el mundo en tus pies, trabajas 10 horas al día, sales a tu solitaria casa y ves a un infernal adolescente rayando las paredes. ¡Qué asco!

Llegas a tu hogar, un hogar sin nadie que te espere, prendes la TV y está el noticiero, hablando de todas las cosas malas que pasan el mundo entero, de la política y la economía, pero nada de eso es importante, nada mientras tengas un cómodo sofá en el cual recostarte después de un largo día de trabajo. ¿Te acuerdas de esos días en los que eras adverso al sistema y lo demostrabas anonimamente con un frasco de spray a la media noche donde nadie te viese? Probablemente, no.

Nacemos premoldeados, nacemos para estar a favor o contra, para aceptar o juzgar.

Pero, no es si no hasta que eres amado que te das cuenta que todo lo previo a eso estuvo mal. Si tienes suerte, conocerás a alguien que no te juzgará, que no reprochará tu pasado o te hará recordar los muros que rayaste. Conocerás a alguien que sacará lo bueno de ti, que te tenderá su mano para ir juntos por el camino que la sociedad construyó y dijo que era lo mejor para la evolución. Tendrás una familia, no porque la sociedad dijo que debías tener hijos, sólo lo harás porque lo deseas, y sólo de tú parte quedará si formarás una familia como la que te formó a ti o quieres hijos libres, pensantes, mentes que modifiquen todo los errores del pasado… pero eso es mucho trabajo y tarde o temprano querrás que ellos sean como tú, personas productivas, trabajadoras, posiblemente vayan contigo a ver un partido de fútbol aunque a ellos no les guste, les asignarán un número, irán al colegio, si uno es homosexual te lamentarás o lo castigarás, y todo eso por lo que luchaste y a lo que te opusiste quedará en el pasado y te volverá parte del montón.

Pero, algún día, recordarás ese momento en el que fuiste amado, en el que no importaba tu cédula, tu religión o tu partido político, eras amado tal cual como eras, como viniste al mundo, sin saber de dónde eras y a dónde ibas, ese momento será el más feliz de tu vida.

-Nada era del individuo, a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo. 

-Quizás uno no deseara tanto ser amado como ser comprendido. 

-No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil.

Citas del libro ‘1984’ de George Orwell

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¿El cuaderno de Hello Kitty o el de Francisco de Miranda?

Ya sé, el título de la entrada es una mierda, pero eso no es lo importante ahora.

Ayer andaba pensando en la inmortalidad del cangrejo cuando, una maravillosa idea atravesó mi cabeza: algún día empezaré clases en la universidad (sólo Dios, Buda y la ULA lo sabrán). Fue por ello que decidí embarcarme a la aventura de conseguir cuadernos buenos (ya no me importan si son bonitos) y económicos… no, no fue un chiste.

Aproveché la ocasión, estamos en épocas de inicios escolares, hay ferias de útiles… en algún lugar se debe conseguir. Así como los combatientes antiimperialistas evitan enriquecer a los gringos, yo evito enriquecer a los chinos que me tratan mal en el abasto, aunque los gringos a su vez enriquecen a los chinos… o algo así, de todas formas la mitad de la basura que consumimos viene del imperio chino y la otra mitad del imperio americano. Como sea, aquí no hay de donde escoger.

Caminé con mi novio hasta la feria escolar donde, antiguamente, compraba todos, o al menos la mayoría de mis útiles en mis épocas de primaria (año 2001 al 2006), apenas siete años antes. Recordaba que siempre se conseguían de muchos modelos, siempre con ganas de alimentar mi superficialidad prepuberta, le pedía a mi madre que comprara de ‘muñequitos’, mi favorito era Garfield, nunca tuve de esos que expulsaban olor a frutas cuando los frotabas, tal cual catálogo en la sección de perfumes. Igual son cosas que la mayoría suele olvidar con eso de la madurez y tal.

Sólo buscaba una o dos libretas universitarias, económicas y que no se rompieran con la primera llovizna que pasara. Los cuadernos más baratos eran esos básicos que usaba cuando se estaba acabando el año escolar y ya había rayado con mariqueras la parte trasera de las libretas. Después vi libretas entre Bs. 100 y Bs. 500. ¿Quién compra una libreta que vale un quinto del sueldo mínimo sólo porque tiene brillitos? Espero que los niños no sean tan superficiales como en mi época. De todas formas no había gran variedad. Entre Cars, Selena Gómez, One Direction, y otras boberías no vi nada que me sirviera y estuviera dentro de mi presupuesto. Si les soy sincera, no sé cuánto costaban los cuadernos cuando estaba en el liceo, mi mamá los compraba y me los daba, ahora que he adquirido más responsabilidades de vida adulta, hay ciertas cosas que quisiera obviar, en realidad… todo.

Fui a otro sitio, fue la misma historia. Al final no compré nada así que me fui sacando cuentas; si ahora es como cuando yo estaba en la escuela, que pedían desde clips hasta plastina que nunca se llegaba a usar, la cuenta iba a superar la de un sueldo mínimo, no quería imaginar si eran más de dos muchachos en edad colegial mantenidos por una mamá humilde, a eso toca sumarle el uniforme, unos zapaticos que duren al menos 365 días de correderas, lluvia, barro y pare de contar, además del morral. Mejor me quedó ahí y no saco cuentas. Sólo diré que mis útiles costaban  menos de un octavo del sueldo de mi mamá, lo que ahora cuesta dos sueldos mínimos, da qué pensar.

Luego recordé el tema de las Canaimtas, no me mal interpreten me parece genial que en pleno siglo XXI los niños, niñas y adolescentes puedan adquirir, gratuitamente, una minilaptop que use software libre made in Venezuela (es lo mínimo tomando en cuenta todo el petróleo que le vendemos al imperio malvado y genocida y el dinero que nos queda de ello) que los ayude a sus tareas diarias; es una lástima que en sitios como el pueblo donde me crié hayan Canaimitas pero no haya acceso a internet :(. Pero, me parece ilógico que para algunos sea más fácil adquirir una laptop que un cuaderno o un par de zapatos… ¿a ustedes no?

Lo bueno de todo fue que conseguí una libreta de The Big Bang Theory a 77 bolos en Traki, espero que me dure al menos un semestre, sé que cuando me toque comprar otra no correré con la misma suerte. La cosa no es que los muñecos de los cuadernos sean provenientes del imperio, de Japón o qué se yo, el problema es que ya perdimos el lujo de escoger algo con lo que nos sintamos cómodos a un bajo costo. Está bien si hay gente que prefiere un cuaderno de Miranda o uno de Hello Kitty, yo a veces no conseguía algo que me gustara y mi mamá lo arreglaba con papel contac, aunque ahora toca escoger uno baratongo y listo.

Para algunos la vaina estará jodida y para otros todo está normal. Para mí, las cosas están yendo hacia un rumbo incierto, pero… ¿quién soy yo para quejarme de la economía si mi sueldo me da para comprarme chucherías caras, vivir sola a los 19 años y pensar en banalidades? Las cosas sólo se tornaran turbias cuando decida formar una familia en el país con las mejores playas del mundo y las mujeres más bellas del universo. 🙂

La fuerza del cariño

Decidí que esta fuese mi primera entrada, es algo en lo que he andado pensando desde hace un tiempo, algo que a veces me quita el sueño y quisiera compartirlo con cuanta gente sea posible. (Disculpen el background del blog, pero fue el más homosexual que conseguí). Decidí tomar una historia personal y hacerla pública, no a modo de reflexión, no me la tiro de Coelho o de Osho, sencillamente sacaré algo que tengo por dentro, aunque puede que a alguien le parezca interesante o le ayude en algún aspecto de su vida. (?)

Rondaban las 2 a.m. del mes de agosto de 2012 y yo no podía conciliar el sueño, lo recuerdo tan claro como el apagón de 3 horas que acaba de pasar en todo el país. Prendí el televisor, debía dormir porque, ese mismo día, viajaría a casa de mi madre, no me importó y me puse a ver una película de bajo presupuesto.

Al principio no estaba muy clara de qué trataba iba la película, hablaba sobre una mujer de edad madura, quien daba clases de música en una secundaria, tenía dos hijos y vivía con su esposo. A medida que se desarrollaba la trama, se dio a entender que la mujer estaba empezado a tener problemas de salud. Para no hacer muy larga la historia, a la mujer le diagnostican cáncer, al principio resulta difícil para la familia pero, afortunadamente, la mujer se salva y vivieron felices para siempre.

Ya eran las 4 a.m., yo seguía un poco impactada con la película, diría que no lloré, pero sí, boté unas cuantas lágrimas al final, debía ser horrible pasar por algo así. En el mismo canal empezó una película protagonizada por Jack Nicholson que jamás había visto: Terms of Endearment; o para quienes prefieren el título en español: La fuerza del cariño. 

La película anterior había hecho que se me quitara más el sueño, así que me instalé a ver la peli que nombré antes. Al principio iba todo bien, hasta que a una de las protagonistas le detectan cáncer de mama, desafortunadamente no corrió con la misma suerte que la protagonista del otro filme. Toca destacar el hecho que esta mujer no contaba con mucho afecto de su familia y bastó con que su madre la viera muriendo para que se diera cuenta que la quería (debe ser por eso el título en español de la peli, ¿no?).

Como sea, en menos de cinco horas vi dos escenarios en los que el cáncer de mama atacaba a dos mujeres cabezas de familia, un final bueno y uno malo. Me lamenté por la chica murió pero casi no me acuerdo del resto ya que me quedé dormida en el acto. Me levanté pocas horas después y me fui de viaje hacia mi hogar verdadero. Estando allá mi mamá me dice que, en un descuido, se rozó un seno con la mano y se sintió una “pelotica”, le toqué y no era algo que ameritara el diminutivo. Le dije que fuese al médico en cuanto pudiese -en ese momento recordé las películas que había visto esa madrugada, tragué hondo y traté de olvidarme e ignorar los pensamientos estúpidos que rondaban mi cabeza-.

Yo me había ido de vacaciones celebrando que había culminado mi educación diversificada. Pasó un mes y mi mamá fue al médico, un día, cuando yo me encontraba en La Guaira, poco antes de que retornara a mi ciudad, mi mamá me llama y me dice que la “pelotica” era un tumor, pero que no me preocupara, que siguiera mis vacaciones, podía ser benigno. 

Regresé de mis vacaciones y acompañé a mi madre a hacerse una biopsia, ni puta idea de qué era o cómo se hacía, no les voy a contar lo que vi sin autorización del médico porque fue bastante feo. A los días, en pocas palabras el médico nos dijo que sí, efectivamente era cáncer, el tumor debía ser extirpado y bla bla.  Creo que fue lo más duro que me tocó escuchar y presenciar, ver el rostro sin alegría de mi madre, era casi como la muerte. Sólo recordaba aquellas películas que había visto un mes antes; me hubiese gustado tener sueño en ese entonces.

Ahora bien, ¿cuán difícil es para una persona tener cáncer (en Venezuela)? Es algo que pocos se preguntan y otros pocos entienden. En un país donde es difícil conseguir suero, los medicamentos son caros, toca hacer colas interminables en un seguro social y pare de contar; el cáncer, además de afectar la mente y el cuerpo, afecta el bolsillo. Bien puedes irte a un hospital, pero eso sí, no esperes que la quimio te la hagan el día que corresponde y que los medicamentos estén disponibles para ti. Por increíble que parezca, la decisión que tomó mi mamá fue la más viable económicamente hablando. Pagó todas sus quimios en 2000 bolívares cada una y buscaba sus medicamentos cada tres semanas en el seguro social, aunque claro, a veces no los habían y tocaba esperar, y otros que debían ser comprados, oscilando los 600 bolívares.

Consideren el hecho de que mi mamá lleva ejerciendo la docencia por 18 años y que aún con su sueldo le tocó pedirle prestado a su familia, en esos momentos pensábamos en aquellas personas de escasos recursos con en esa enfermedad, ¿cómo harían? En esos momentos, que se te caiga el cabello después de la segunda quimioterapia, es un problema que pasa a segundo plano.

Llegó diciembre, la tan ansiada Navidad, mi madre prefirió posponer la operación para enero, la Navidad era algo que no se podía postergar. Un buen día, como lo estipula la ley, mi mamá se dirigía al Ministerio de Educación (zona educativa) para entregar las facturas del dinero que se había gastado en tratamiento y medicinas para que se lo pudieran retribuir, faltaba poco para las elecciones de gobernadores, el Presidente ya se había ido, de seguro estaba haciéndose su tratamiento oncológico con todas las comodidades, sin colas, sin pensar en el dinero que estaba gastando, sin preocuparse en lo más mínimo por todas esas banalidades… o quizás no. Nunca lo sabremos con certeza. Volviendo al tema, llegamos, en la Santa María de la Zona Educativa estaba un tipo, nadie entraba, los trabajadores salían… “Disculpe, nos estamos retirando, por órdenes de arriba debemos ir a la marcha del cierre de campaña de Alexis Ramírez…”, “Pero vengo a traer estos papeles para que me reembolsen el dinero de un tratamiento, ya casi se acaba el chance y vengo de lejos.”, “Ahora no podemos”… Fue casi como si agarrase las facturas y las usara como papel tualé, y eso que en diciembre se conseguía. Mi madre, con un nudo en la garganta se fue. El dinero nunca fue reembolsado.

Nos fuimos. Llegó Navidad. Llegó el año nuevo. La hora de la verdad se acercaba y, después de hablar con muchos contactos, mi mamá consiguió una cama en el hospital, (dicho sea de paso, la operación en una clínica costaba al rededor de 60000 bolívares, diez meses de su sueldo, dos meses del sueldo de la ministra de educación). La ayudamos a instalarse en su cuarto, debía esperar una semana para la operación; compartió habitación con cuatro mujeres muy agradables, llevaban casi un mes esperando para ser operadas de la matriz… el aparato llevaba tiempo dañado.

Ocho días después la operaron, dos días de reposo en el hospital y nos fuimos. Las cuatro mujeres seguían sin saber el día de sus operaciones. Lo demás es relleno, otras quimios más y sin radioterapia, por supuesto… los aparatos de radio no sirven a nivel nacional porque están vencidos.

Para terminar, esta es una pregunta que me hice meses atrás y me sigo haciendo, para un paciente con cáncer en Venezuela, ¿qué repercute más en su mejoría? ¿la fuerza del cariño y el positivismo… o cuánto esté dispuesto a pagar para salir rápido de ese peo? Yo creo que ambas cosas, una más que la otra.

A todas aquellas personas con cáncer, o con familiares que tengan cáncer, mi saludos y mi apoyo. Me di cuenta con el tiempo que no vale de nada haber superado esta enfermedad si no aprendiste a valorar cada respiro y ver todo con una sonrisa. Es mejor no amargarse y estresarse por cosas sin importancia. el cáncer no avisa y la muerte menos.

Después de una líneas, respondiendo a la otra pregunta, el cariño y el positivismo vale más que el dinero.

PD: Mi mamá ya está bien y su pelo está creciendo. 🙂

PD2: Repito, hice mi experiencia personal algo público a modo de drenar muchas cosas, espero no haber sido fastidiosa.

Adivinen quién es la madre y quién la hija.